lunes, 3 de diciembre de 2012

No es amor si...

No es amor si son meras hormonas, si son sólo feromonas o conexiones sinápticas.
No es amor si es puro deseo.
No es amor si se discute por banalidades, pero tampoco es amor si no discute, si no dialoga...
No es amor si sólo se siente y no se piensa. No es amor si no tiene algo de racional...
No es amor si "amando" dudas por un instante que es amor.
No es amor si desconfía, si desconfías por un momento...
No es amor si es solamente un juego de máscaras, máscaras que esconden a la persona. Pero tampoco es amor si no es un juego. Un juego en el que se debe apostar la vida...
No es amor si se apuesta con miedo a perder, es amor cuando se apuesta con la esperanza de ganar...
No es amor si son probabilidades y estadísticas. Es amor porque fue posibilidad, y porque ahora es necesidad...
No es amor si no hay entrega. No es amor si no te llena, por completo. Sin embargo, no es amor si no hay carencia, si no puede devenir en algo mejor cada día.
No es amor si no se esfuerza por mediar. No es Eros si no es mediador... No es amor si no es lucha y equilibrio de contrarios.
No es amor si no es apasionado por la verdad. No es amor si no es conocimiento. Pero tampoco es amor si no es práctica, si no se vuelve virtud.
No es amor si no es perfecto en su imperfección.
No es amor si al final no sigues amando.
No es amor si no trasciende al tiempo... No es amor si no es trascendente.
Pero la trascendencia no es futura, es aquí y ahora.
No es amor si no se completa una canción...
No es amor si no tiene alas, si no vuela...

No es amor si no se reconoce a uno mismo en el otro.
No es amor si no es dialéctico.
No es amor si no hay verdadera pasión...
Y no es amor si no está más allá del bien y del mal...

domingo, 18 de noviembre de 2012

"Los amorosos"... Sabines



"Los amorosos callan.
El amor es el silencio más fino,
el más tembloroso, el más insoportable.
Los amorosos buscan,
los amorosos son los que abandonan,
son los que cambian, los que olvidan.

Su corazón les dice que nunca han de encontrar,
no encuentran, buscan.
Los amorosos andan como locos porque están solos, solos, solos,
entregándose, dándose a cada rato,
llorando porque no salvan al amor.

Les preocupa el amor. Los amorosos
viven al día, no pueden hacer más, no saben.
Siempre se están yendo, siempre, hacia alguna parte.
Esperan, no esperan nada, pero esperan.

Saben que nunca han de encontrar.
El amor es la prórroga perpetua,
siempre el paso siguiente, el otro, el otro.
Los amorosos son los insaciables,
 los que siempre -¡que bueno!- han de estar solos.
Los amorosos son la hidra del cuento.

Tienen serpientes en lugar de brazos.
Las venas del cuello se les hinchan también como serpientes para asfixiarlos.
Los amorosos no pueden dormir porque si se duermen se los comen los gusanos.
En la oscuridad abren los ojos y les cae en ellos el espanto.
Encuentran alacranes bajo la sábana y su cama flota como sobre un lago.

Los amorosos son locos, sólo locos,
sin Dios y sin diablo.
Los amorosos salen de sus cuevas temblorosos, hambrientos, a cazar fantasmas.
Se ríen de las gentes que lo saben todo, de las que aman a perpetuidad,
verídicamente, de las que creen en el amor como una lámpara de inagotable aceite.

Los amorosos juegan a coger el agua,
a tatuar el humo, a no irse.
Juegan el largo, el triste juego del amor.
Nadie ha de resignarse.
Dicen que nadie ha de resignarse.
Los amorosos se avergüenzan de toda conformación.
Vacíos, pero vacíos de una a otra costilla,
 la muerte les fermenta detrás de los ojos, y ellos caminan,
 lloran hasta la madrugada en que trenes y gallos se despiden dolorosamente.

Les llega a veces un olor a tierra recién nacida,
a mujeres que duermen con la mano en el sexo, complacidas,
a arroyos de agua tierna y a cocinas.
Los amorosos se ponen a cantar entre labios una canción no aprendida,
y se van llorando, llorando, la hermosa vida."

~ Jaime Sabines

sábado, 20 de octubre de 2012

¿El peso o la levedad?


Leer “La insoportable levedad del ser” de Milan Kundera me hizo reflexionar, y obviamente debrayar, un poco. Un mucho diría yo.
 “¿Pero, es de verdad terrible el peso y maravillosa la levedad? La carga más pesada nos destroza, somos derribados por ella, nos aplasta contra la tierra. Pero […] la carga más pesada es por lo tanto, a la vez, la imagen de la más intensa plenitud de la vida. Cuanto más pesada sea la carga, más a ras de tierra estará nuestra vida, más real y verdadera será.
Por el contrario, la ausencia absoluta de carga hace que el hombre se vuelva más ligero que el aire, vuele hacia lo alto, se distancie de la tierra, de su ser terreneo, que sea real sólo a medias y sus movimientos sean tan libres como insignificantes.
Entonces, ¿qué hemos de elegir? ¿El peso o la levedad? […]”

Por un lado está el mundo leve, fácil, en el que las cosas importantes no son tomadas en serio, y lo que se toma en serio es banal y efímero. Un mundo donde el que tenga más parejas es el mejor, donde el amor se encuentre en el lugar que sea, cuando sea y con quien sea, donde el placer pisotea a Eros. Un mundo divertido, abarrotado de levedad.

Está también el mundo pesado, un mundo en el que encontrar las respuestas resulta mucho más complicado. Un mundo difícil, en el que pocos son los que realmente saben encontrar el amor y la verdad. Una carga que es, en efecto, demasiado pesada y son pocos los que se atreven a andar por los caminos de la vida bajo ella.
 Parafraseando la pregunta de Kundera, ¿debemos de elegir el peso o la levedad?
 Es cierto que es mucho más sencillo vivir levemente, en un mundo donde “[…] todo está perdonado de antemano y, por tanto, todo cínicamente permitido.”, donde no hay que preocuparse por nuestras acciones si del mismo modo nos van a perdonar, igual no importa lo que hagamos o dejemos de hacer.
¿Para qué complicarnos la existencia? ¿para qué elegir la pesadez?
 Parece contradictorio decir que la levedad sea insoportable, que una vida vacía pueda ser tan pesada. Pero, si seguimos dudando sobre nuestra elección (peso vs. levedad) parece que no hemos comprendido de lo que se trata.
No es, para nada, que yo me jacte de saber lo que debemos de hacer. Al contrario, yo estoy haciendo una apuesta, posiblemente me equivoque, pero elijo vivir mi vida con peso.
Elegir una vida que merezca la pena ser vivida, no por la cantidad, sino por la calidad. ¿Es preferible llenarnos hasta saciarnos de mucha levedad, o irnos poco a poco (aunque probablemente nunca llenarnos) con la pesadez?
 Supongo que todos tendrán una respuesta y razones diferentes, pero quizás la única manera de quitarnos la insoportable carga del vacío sea cargarnos hasta el tope del peso soportable...

martes, 28 de agosto de 2012

La zanja...

Se dice que un día el filósofo Tales de Mileto iba caminando mientras observaba el cielo, y por ello había caído en una zanja en el piso. Una esclava tracia se burló de él porque estaba tan concentrado en las estrellas del cielo que no podía poner atención a lo que pasaba delante de él.

Muchos siglos después escribió Hegel:

"La gente suele reírse de cosas por el estilo, y tiene la ventaja de que los filósofos no pueden pagarle en la misma moneda; pero no se dan cuenta de que los filósofos se ríen, a su vez, de quienes no pueden caer en una zanja por la sencilla razón de que están metidos siempre en ella, sin acertar a levantar los ojos para mirar hacia arriba..."

¿Por qué estar metidos en la zanja, cuando podemos siempre mirar hacia lo alto?

martes, 24 de julio de 2012

De la contradicción de la vida

Hay instantes en los que camino hacia un objetivo, pero cada vez siento que estoy más lejos de alcanzarlo, aunque claramente me esté acercando.
¿No les pasa que a veces sienten sentimientos encontrados y creen odiar y amar a una misma persona? Casi seguro han tenido momentos en los que la vida es color de rosa y al minuto se oscurece el panorama.
Una combinación de emociones que hacen que llegues a sentirte "bipolar" o simplemente instable.
No sé cómo le llamen ustedes, pero yo le llamo la "contradicción de la vida".

Heráclito sostenía que el mundo se formaba por contrarios y que teníamos que encontrar el equilibrio, la virtud en medio de ellos.
Equilibrar a la pasión con la razón, un puente que nos permita balancearnos entre uno y otro.
Le decía hace poco a mi mejor amigo que quizás la vida se trataba precisamente de eso, de encontrar el equilibrio de contrarios, de vivir las dos facetas de la vida.
Claramente no podríamos entender lo que es el frío si no existiera el calor. Igualmente no sabríamos lo que es la felicidad si no conociéramos la tristeza.

Las contradicciones que nos llevan a encontrarle el sabor a la vida. Un mundo feliz dudo que fuera realmente feliz. La necesidad de experimentar un extremo para apreciar totalmente su contrario.
Momentos de sufrimiento que nos llevarán a entender las más grandes alegrías.

La vida quizás se trate de andar por el puente sin saber dónde es el punto medio, pero caminar, pensar y VIVIR para terminar encontrándolo.

lunes, 2 de julio de 2012

Un cambio...


“Vivir es renunciar” diría Eduardo Nicol. Cada decisión que tomamos es la renuncia a un sinfín de posibilidades.  El cambio duele porque no estamos acostumbrados a alejarnos de lo cotidiano, a lo que percibimos como “nuestro”. Las personas temen a lo desconocido, somos pocos los que entendemos que el reto no está en aceptar todo lo que traiga la vida, sino en encontrar la manera en la que nos enfrentaremos  a lo que venga.

Decimos querer cambiar el mundo y nos sentamos a actualizar la página del PREP, o a hacer una Bucket list de lo que queremos hacer antes de morir. Nos proponemos grandes metas y culpamos a los demás si las cosas no salen bien. Nos detenemos ante el avance de los otros y nos hacemos pequeños ante sus triunfos. Elegimos sin pensar en las consecuencias, actuamos sin pensar, sin concientizar que estamos renunciando a las demás posibilidades. Caemos en la zona de confort y creemos que no somos libres, cuando en realidad estamos eligiendo no ser libres.

El momento en el que dejemos de decir y empecemos a actuar, cuando en vez de pregonar palabras empecemos a realizar acciones, cuando cambiemos nuestra actitud pesimista y encontremos un ideal por el que vivir. Cuando sepamos que nuestros actos siempre traen consecuencias y aprendamos a decidir nuestra manera de actuar ante cualquier situación, cuando nos empecemos a conocer a nosotros mismos y distingamos lo que en verdad queremos. Ese día estaremos haciendo algo por lograr un cambio verdadero. 

Si quieres cambiar al mundo, empieza por cambiarte a ti mismo” son las palabras que utilizó Gandhi. No empecemos a imaginar lo que haríamos en un mundo alterno, pensemos en lo que podemos hacer hic et nunc (aquí y ahora). Creo que somos pocos los que estamos dispuestos a cambiarnos a nosotros mismos para después, mover al mundo, ¿no?  Los reto a demostrarme que, en realidad, somos muchos.