sábado, 20 de octubre de 2012

¿El peso o la levedad?


Leer “La insoportable levedad del ser” de Milan Kundera me hizo reflexionar, y obviamente debrayar, un poco. Un mucho diría yo.
 “¿Pero, es de verdad terrible el peso y maravillosa la levedad? La carga más pesada nos destroza, somos derribados por ella, nos aplasta contra la tierra. Pero […] la carga más pesada es por lo tanto, a la vez, la imagen de la más intensa plenitud de la vida. Cuanto más pesada sea la carga, más a ras de tierra estará nuestra vida, más real y verdadera será.
Por el contrario, la ausencia absoluta de carga hace que el hombre se vuelva más ligero que el aire, vuele hacia lo alto, se distancie de la tierra, de su ser terreneo, que sea real sólo a medias y sus movimientos sean tan libres como insignificantes.
Entonces, ¿qué hemos de elegir? ¿El peso o la levedad? […]”

Por un lado está el mundo leve, fácil, en el que las cosas importantes no son tomadas en serio, y lo que se toma en serio es banal y efímero. Un mundo donde el que tenga más parejas es el mejor, donde el amor se encuentre en el lugar que sea, cuando sea y con quien sea, donde el placer pisotea a Eros. Un mundo divertido, abarrotado de levedad.

Está también el mundo pesado, un mundo en el que encontrar las respuestas resulta mucho más complicado. Un mundo difícil, en el que pocos son los que realmente saben encontrar el amor y la verdad. Una carga que es, en efecto, demasiado pesada y son pocos los que se atreven a andar por los caminos de la vida bajo ella.
 Parafraseando la pregunta de Kundera, ¿debemos de elegir el peso o la levedad?
 Es cierto que es mucho más sencillo vivir levemente, en un mundo donde “[…] todo está perdonado de antemano y, por tanto, todo cínicamente permitido.”, donde no hay que preocuparse por nuestras acciones si del mismo modo nos van a perdonar, igual no importa lo que hagamos o dejemos de hacer.
¿Para qué complicarnos la existencia? ¿para qué elegir la pesadez?
 Parece contradictorio decir que la levedad sea insoportable, que una vida vacía pueda ser tan pesada. Pero, si seguimos dudando sobre nuestra elección (peso vs. levedad) parece que no hemos comprendido de lo que se trata.
No es, para nada, que yo me jacte de saber lo que debemos de hacer. Al contrario, yo estoy haciendo una apuesta, posiblemente me equivoque, pero elijo vivir mi vida con peso.
Elegir una vida que merezca la pena ser vivida, no por la cantidad, sino por la calidad. ¿Es preferible llenarnos hasta saciarnos de mucha levedad, o irnos poco a poco (aunque probablemente nunca llenarnos) con la pesadez?
 Supongo que todos tendrán una respuesta y razones diferentes, pero quizás la única manera de quitarnos la insoportable carga del vacío sea cargarnos hasta el tope del peso soportable...