sábado, 20 de septiembre de 2014

Bailar bajo la lluvia...

Por fin estaba sola. ¡Qué digo por fin! Me encontraba sola, ajena a la ciudad; a su gente, a sus costumbres, a su acento españolete y su vertiente gallega. Jamás había estado tan lejos, tanto tiempo, de mis padres, de mi familia y mis amigos, de mi México y de él…

¿Cómo habríamos de sobrevivir mi soledad y yo? La faena acaecía imposible, intolerable, insoportable. Las despedidas fueron lágrimas y abrazos que me hubiera gustado alongar eternamente, el simple recuerdo de ellas me provoca ansias por volver.

Luego vino la lluvia. En eso se había tornado Santiago a partir de la segunda semana. Un clima húmedo, nublado a toda hora, capaz de deprimir a cualquier espíritu optimista. Viento frío, largas caminatas. Pies húmedos.

Tenía ya unos cuantos conocidos con los que intercambiaba pequeñas conversaciones, algunas risas y muchas preguntas. Las clases no me agradaban del todo, sinceramente esperaba más de la academia europea. Como fuese, Santiago no me terminaba de agradar e iba a ser mi hogar durante bastante tiempo. Aunque me había hecho a la idea de quedarme allí durante el semestre, aún me parecía difícilmente asequible. Aún no me creía totalmente capaz de conseguirlo. Aunado el sentimiento con el entorno húmedo que ahora reinaba, era incluso más complicado.


Fue en aquel momento cuando me encontré con una frase que siempre me había gustado y que, por alguna razón, no había venido a mi mente desde hacía mucho tiempo: "Life is not about waiting for the storm to pass. It's about learning to dance in the rain." Yo era bailarina, estaba en Santiago –la ciudad lluviosa por excelencia- ¿qué debía hacer si me negaba a escapar y darme por vencida? Simple: debía aprender a bailar bajo la lluvia. Porque a pesar de la tormenta, la vida continuaba. Porque por arduo que resultara, debía lograrlo. Porque era una experiencia que debía vivir alguna vez en la vida y porque regresaría a México cambiada, madura y lista para escribir el resto de mi vida…