"¡Adiós!' ...Cuando vuelva, si vuelvo, todo estará donde estaba: Los mismos montes negros y las mismas alboradas, del Sar y del Sarela mirándose en las aguas; los mismos verdes campos, las mismas torres pardas de la catedral severa oteando la lontananza..." ~ Rosalía de Castro
Santiago tiene ese olor a humedad que caracteriza las librerías y bibliotecas antiguas... Es un desfile de paraguas, lluvia sin fin. Santiago es aprender a bailar en la lluvia (¡si chove, que chova!), es la experiencia más compleja de mi vida; la más difícil y la más tajante. Creo firmemente que Santiago ha establecido un antes y un después, que me ha marcado para siempre.
Sin duda volvería, mil y un veces, a asombrarme con la catedral desde la Plaza da Quintana -mi lugar favorito de Compostela-. Volvería para ir por un chocolate con churros con mis amigas al lado de la Alameda -que si bien es una bomba de calorías, reconfortaba en el frío acompañado siempre de una plática sin par-; regresaría para correr entre los ríos perdidos; para caminar sin rumbo y descubrir construcciones, iglesias y cafés ocultos. Volvería para embriagarme de su sencillez pueblerina. Volvería, volveré...
Por ahora le dije adiós, y agradezco cada segundo que pasé ahí. Porque aunque fuese difícil o triste, en más de una ocasión, fueron todos los instantes los que construyeron la totalidad de la experiencia compostelana...
Volveré un día, y abrazaré de nuevo al apóstol en la catedral dando gracias por esta nueva oportunidad de vida.
Santiago, moitas graciñas.

