Si bien creo que las cosas que pasan tienen que ser debido a que determinan el futuro, las situaciones están cargadas de infinitas casualidades -y, agregaría, causalidades- que simplemente acontecen y tienen que ser. Mas ¿cómo podría una simple casualidad adquirir un sentido más allá de su azar, peso? Parece una suerte de continuo movimiento de uno mismo en las circunstancias, al tiempo que éstas determinan ciertos aspectos de la realidad, uno mismo debe también irlas dotando de sentido. Construir, pero evidentemente aceptar las condiciones dadas, sin pretensiones de control absoluto -algo que parecería ser un peso realmente insoportable-.Suma infinita de instantes
La vida como suma infinita de instantes en los que, en ocasiones, escribir es la opción...
domingo, 17 de julio de 2016
¿El peso o la levedad? (Parte II)
Si bien creo que las cosas que pasan tienen que ser debido a que determinan el futuro, las situaciones están cargadas de infinitas casualidades -y, agregaría, causalidades- que simplemente acontecen y tienen que ser. Mas ¿cómo podría una simple casualidad adquirir un sentido más allá de su azar, peso? Parece una suerte de continuo movimiento de uno mismo en las circunstancias, al tiempo que éstas determinan ciertos aspectos de la realidad, uno mismo debe también irlas dotando de sentido. Construir, pero evidentemente aceptar las condiciones dadas, sin pretensiones de control absoluto -algo que parecería ser un peso realmente insoportable-.martes, 26 de abril de 2016
Antoine de Saint-Exupéry teniendo la razón sobre el amor
-Te amo - dijo el principito.
-Yo también te quiero- dijo la rosa.
-No es lo mismo- respondió él.
-Querer es tomar posesión de algo, de alguien. Es buscar en los demás eso que llena las expectativas personales de afecto, de compañía…Querer es hacer nuestro lo que no nos pertenece, es adueñarnos o desear algo para completarnos, porque en algún punto nos reconocemos carentes.
Querer es esperar, es apegarse a las cosas y a las personas desde nuestras necesidades. Entonces, cuando no tenemos reciprocidad hay sufrimiento. Cuando el “bien” querido no nos corresponde, nos sentimos frustrados y decepcionados.
Si quiero a alguien, tengo expectativas, espero algo. Si la otra persona no me da lo que espero, sufro. El problema es que hay una mayor probabilidad de que la otra persona tenga otras motivaciones, pues todos somos muy diferentes. Cada ser humano es un universo. Amar es desear lo mejor para el otro, aún cuando tenga motivaciones muy distintas. Amar es permitir que seas feliz, aún cuando tu camino sea diferente al mío. Es un sentimiento desinteresado que nace en un donarse, es darse por completo desde el corazón. Por esto, el amor nunca será causa de sufrimiento.
Cuando una persona dice que ha sufrido por amor, en realidad ha sufrido por querer, no por amar. Se sufre por apegos. Si realmente se ama, no puede sufrir, pues nada ha esperado del otro.
Cuando amamos nos entregamos sin pedir nada a cambio, por el simple y puro placer de dar. Pero es cierto también que esta entrega, este darse, desinteresado, solo se da en el conocimiento. Solo podemos amar lo que conocemos, porque amar implica tirarse al vacío, confiar la vida y el alma. Y el alma no se indemniza. Y conocerse es justamente saber de vos, de tus alegrías, de tu paz, pero también de tus enojos, de tus luchas, de tu error. Porque el amor trasciende el enojo, la lucha, el error y no es solo para momentos de alegría.
Amar es la confianza plena de que pase lo que pase vas a estar, no porque me debas nada, no con posesión egoísta, sino estar, en silenciosa compañía. Amar es saber que no te cambia el tiempo, ni las tempestades, ni mis inviernos.
Amar es darte un lugar en mi corazón para que te quedes como padre, madre, hermano, hijo, amigo y saber que en el tuyo hay un lugar para mí.
Dar amor no agota el amor, por el contrario, lo aumenta. La manera de devolver tanto amor, es abrir el corazón y dejarse amar.-
-Ya entendí- dijo la rosa.
-No lo entiendas, vívelo- dijo el principito.
domingo, 26 de abril de 2015
Santiago
miércoles, 12 de noviembre de 2014
No, efectivamente yo no soy Ayotzinapa
Yo soy el futuro de México y no puedo creer que vivo en un país donde la humanidad desaparece día a día; donde la violencia y la inseguridad son el pan nuestro de cada día; donde las personas se indignan si hay manifestaciones o si no hay manifestaciones; donde aquellos que claman justicia lo hacen de los modos menos adecuados y más injustos. La autoridad no escucha, eso es cierto, pero ¿cómo podemos exigirle que nos escuche a las personas en las que nosotros mismos hemos "depositado nuestra confianza"? Presidente, gobernadores, senadores, diputados, jefes delegaciones y municipales. Los colocamos allí al votar por ellos o al no haber sido capaces (y continuar sin serlo) de enfrentarlos ante opciones que realmente valieran la pena. sábado, 20 de septiembre de 2014
Bailar bajo la lluvia...
Por fin estaba sola. ¡Qué digo por fin! Me encontraba sola, ajena a la ciudad; a su gente, a sus costumbres, a su acento españolete y su vertiente gallega. Jamás había estado tan lejos, tanto tiempo, de mis padres, de mi familia y mis amigos, de mi México y de él…
¿Cómo habríamos de sobrevivir mi soledad y yo? La faena acaecía imposible, intolerable, insoportable. Las despedidas fueron lágrimas y abrazos que me hubiera gustado alongar eternamente, el simple recuerdo de ellas me provoca ansias por volver.
Luego vino la lluvia. En eso se había tornado Santiago a partir de la segunda semana. Un clima húmedo, nublado a toda hora, capaz de deprimir a cualquier espíritu optimista. Viento frío, largas caminatas. Pies húmedos.
Tenía ya unos cuantos conocidos con los que intercambiaba pequeñas conversaciones, algunas risas y muchas preguntas. Las clases no me agradaban del todo, sinceramente esperaba más de la academia europea. Como fuese, Santiago no me terminaba de agradar e iba a ser mi hogar durante bastante tiempo. Aunque me había hecho a la idea de quedarme allí durante el semestre, aún me parecía difícilmente asequible. Aún no me creía totalmente capaz de conseguirlo. Aunado el sentimiento con el entorno húmedo que ahora reinaba, era incluso más complicado.
Fue en aquel momento cuando me encontré con una frase que siempre me había gustado y que, por alguna razón, no había venido a mi mente desde hacía mucho tiempo: "Life is not about waiting for the storm to pass. It's about learning to dance in the rain." Yo era bailarina, estaba en Santiago –la ciudad lluviosa por excelencia- ¿qué debía hacer si me negaba a escapar y darme por vencida? Simple: debía aprender a bailar bajo la lluvia. Porque a pesar de la tormenta, la vida continuaba. Porque por arduo que resultara, debía lograrlo. Porque era una experiencia que debía vivir alguna vez en la vida y porque regresaría a México cambiada, madura y lista para escribir el resto de mi vida…



